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domingo, 25 de mayo de 2014

OJOS DE NEÓN

Una de las más grandes maravillas que ha producido la genética ha sido ese par de tímidas luciérnagas que saltan de sus pequeños párpados al abrirlos. Cuando me observa siento que algo de mi sustancia es eclipsada y se cuela por una de esas ventanas; me retiene en él y me convierto en luz dentro de su alma. Mi hermoso suricato, pesadilla de amor, no se puede andar por la vida con esas perlas café y pretender que nadie quede atrapado. Tener esos ojos debe ser pecado, un delito, ser penado. Seamos serios, que hagan una ley, presos deben ir todos ellos antes de que presos quedemos todos de su miel.

domingo, 11 de mayo de 2014

BATIR LA MELCOCHA

IV


En una de nuestras interminables conversaciones de facebook dejamos los romances y problemas cotidianos a un lado para ponernos hot, acaso fuese casual o planificado, aquel momento de alto cilindraje no parecía tener desembocadura, en principio era un juego de doble sentido, una argucia de indirecta que incluía palabras como meter, sacar, grande, entrar, cabeza, adentro, sentir, y bueno, el caso es que en ese momento de profunda perversión hormonal yo, como cosa rara, colapsé y, por no perder el juego, lancé cualquier frase que me viniera a la cabeza como batir la melcocha, era una alusión al proceso mediante el cual… bueno… no entremos en detalles. Él no pudo hacer otra cosa más que reír, se rió y burló de mí cuanto pudo mientras yo avergonzado por no haber podido seguir el ritmo del juego, fingía demencia.


tonto, y me envió un beso.

domingo, 4 de mayo de 2014

CHICO DRAMA

III

Soy un virtuoso del drama, ese, al parecer es mi súper poder: atraer y generar drama. De niño en los actos del colegio elegía los personajes más dramáticos y emocionales, por suerte siempre me los daban o hubiese llevado el teatro al aula, ustedes entienden; en casa de mis padres hay una foto mía para cada emoción posible, en una estoy molesto, en otra triste, en otra sonriente. Todas espontáneas. Está bien, puedo vivir con eso, no me enorgullece; pero vamos conviviendo. A él le encantaba, tenía una fijación casi morbosa por las situaciones dramáticas, lo negaba, claro está, pero muy en el fondo, exactamente debajo de sus pantalones, sabía que era cierto.

Una noche de esas pesadas que solíamos tener, una conversación acerca de las infidelidades se nos estaba saliendo de las manos, para ser más exactos estábamos por montar una escena, él insistía en que aquél resbalón con uno de mis mejores amigos había sido solo eso, un pequeño desliz, una desafortunada noche de copas; yo en cambio evocaba todas las veces en que había evitado, muy a pesar de mis deseos, hacer algo injurioso fuera de los acuerdos establecidos en la relación, teníamos una serie de reglas que no podíamos saltar y una de ellas, la más importante, era nunca, jamás, por ningún motivo estar con otro chico sin la participación o al menos el conocimiento, casi aprobación (es complicado) del otro. Teníamos ciertos criterios para elegir a “los terceros”, y un amigo cercano no estaba ni de cerca dentro de los parámetros.

Los ánimos estaban caldeados y ya empezaba a venirse el cuarto encima, cuando tomé la oportuna decisión de salir corriendo al baño, meterme debajo de la regadera y dejar que el agua helada de los andes bajase la calentera; al regresar no estaba en el cuarto. En principio sentí miedo, ¿se habría largado quién sabe a dónde con quién sabe quién en quién sabe qué estado? Ya estaba a punto de venirme en drama cuando escuché un gemido de risas proveniente de la cocina, se había escondido y había dejado al pie de la cama un chocolate con la frase “para mi chico drama” escrita sobre un papel con evidentes señales de cortes irregulares por los lados y también húmedo, ¿habría llorado?

No existe cosa más dulce bajo este cielo. Y no me refiero solo al chocolate. ¿Quién podría tener una piedra tan grande en el pecho como para no conmoverse con algo así? Todos mis esfuerzos por hacerme el duro, por mostrarme irreductible y darle una lección se desvanecieron en ese preciso instante. Era un mago del romance mi Lelo y yo era su chico drama hechizado.


viernes, 2 de mayo de 2014

LELOS

II


Cuando uno alcanza un grado de intimidad y confianza especial con la pareja empieza a adoptar nuevas costumbres y tener algunas concesiones, como bañarte mientras él está hermosamente sentado en la poceta realizando una necesidad fisiológica, bueno, está bien, cagando, todo sea en nombre del amor. Pero también hay costumbres menos escatológicas como cambiarse los nombres, sustituirlos por frases en apariencia fofas y que sin embargo poseen una carga afectiva como mi amor, mi vida, mi niño y otras; eso crea lazos y puentes que luego son cruzados por los amantes cuando llegan las discusiones.

Algunas de esas palabras o frases afectivas surgen de situaciones inesperadas, uno no lo planea, podría parecer que sí y hasta haya quienes lo hagan, pero las cosas más grandiosas surgen de los momentos más ínfimos y tontos. Aquella vez jugábamos precisamente a eso, a los tontos, teníamos como una de nuestras rutinas de pareja favoritas jugar a lanzar sinónimos de palabras de forma aleatoria a ver quién sorteaba a decir la última; tonto dijo él, gafo, seguí yo, idiota, estúpido, menso, bobo, soso, torpe, ¡LELO! Gritamos al unísono. Y entonces la magia sucedió, por algún lado, no sé por dónde entraron todos esos pajaritos de disney y empezaron su recital en el cuarto ¿nunca han sentido que un sentimiento se apodera de ustedes por un segundo, pierden el control y es como una tormenta de emociones que empapa? Juraría que llovieron estrellas, juraría que el tiempo se detuvo en ese instante y que el beso que culminó la escena todavía hoy nos lo estamos dando.

A partir de ese día nos empezamos a llamar así y con su diminutivo lelo/lelito/lito.Con el tiempo convertimos la palabra en otra costumbre aún más halada, imaginábamos universos para lelos y recorríamos parques, calles y centros comerciales de la ciudad viendo caminar a las otras parejas, pensábamos en cuánto se podrían querer aquí y en otros mundos, incluso nuestros pares en realidades alternas, nos hacíamos ideas y preguntas tontas como hasta dónde el amor les había calado y enloquecido, cuántas concesiones se darían, jugarían los mismos juegos tontos que nosotros, alguna pareja en algún otro lugar de este mundo o de otro nos estaría pensando, nos preguntábamos si acaso, sortilegio de los dioses, ebrios de romance algunos de ellos estarían igual de Lelos como estábamos nosotros.



lunes, 28 de abril de 2014

I

DE HADAS

Él siempre quiso ser princesa y aquél parecía un muy buen sapo,
cuando se besaron algún planeta hizo implosión,
alguna estrella suspiró.
                                                                                               [así empieza una historia de amor]