.

.

domingo, 4 de mayo de 2014

CHICO DRAMA

III

Soy un virtuoso del drama, ese, al parecer es mi súper poder: atraer y generar drama. De niño en los actos del colegio elegía los personajes más dramáticos y emocionales, por suerte siempre me los daban o hubiese llevado el teatro al aula, ustedes entienden; en casa de mis padres hay una foto mía para cada emoción posible, en una estoy molesto, en otra triste, en otra sonriente. Todas espontáneas. Está bien, puedo vivir con eso, no me enorgullece; pero vamos conviviendo. A él le encantaba, tenía una fijación casi morbosa por las situaciones dramáticas, lo negaba, claro está, pero muy en el fondo, exactamente debajo de sus pantalones, sabía que era cierto.

Una noche de esas pesadas que solíamos tener, una conversación acerca de las infidelidades se nos estaba saliendo de las manos, para ser más exactos estábamos por montar una escena, él insistía en que aquél resbalón con uno de mis mejores amigos había sido solo eso, un pequeño desliz, una desafortunada noche de copas; yo en cambio evocaba todas las veces en que había evitado, muy a pesar de mis deseos, hacer algo injurioso fuera de los acuerdos establecidos en la relación, teníamos una serie de reglas que no podíamos saltar y una de ellas, la más importante, era nunca, jamás, por ningún motivo estar con otro chico sin la participación o al menos el conocimiento, casi aprobación (es complicado) del otro. Teníamos ciertos criterios para elegir a “los terceros”, y un amigo cercano no estaba ni de cerca dentro de los parámetros.

Los ánimos estaban caldeados y ya empezaba a venirse el cuarto encima, cuando tomé la oportuna decisión de salir corriendo al baño, meterme debajo de la regadera y dejar que el agua helada de los andes bajase la calentera; al regresar no estaba en el cuarto. En principio sentí miedo, ¿se habría largado quién sabe a dónde con quién sabe quién en quién sabe qué estado? Ya estaba a punto de venirme en drama cuando escuché un gemido de risas proveniente de la cocina, se había escondido y había dejado al pie de la cama un chocolate con la frase “para mi chico drama” escrita sobre un papel con evidentes señales de cortes irregulares por los lados y también húmedo, ¿habría llorado?

No existe cosa más dulce bajo este cielo. Y no me refiero solo al chocolate. ¿Quién podría tener una piedra tan grande en el pecho como para no conmoverse con algo así? Todos mis esfuerzos por hacerme el duro, por mostrarme irreductible y darle una lección se desvanecieron en ese preciso instante. Era un mago del romance mi Lelo y yo era su chico drama hechizado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario